El desconocimiento de la escritura de las sociedades primitivas, las obligaban al aprendizaje por medio del ejemplo, acompañando a cazadores experimentados seguidos por discípulos en la que mediante la repetición, o escuchando, asimilaban y reunían todo tipo de información para aprender. Así, todo se relacionaba esencialmente con el modo práctico en todas sus formas de enseñanza. No se encontraban instituciones escolares, pero no se puede obviar el comienzo de las actividades pedagógicas. Los medios por la cual se establece una educación, era a través de la oralidad primaria, donde los adultos, transmitían sus sabidurías, leyendas, mitos, cuentos a los niños.
Con respecto a la escritura, esta apareció como fruto de la organización social y estará a cargo de los sumerios que se establecieron en la Mesopotamia (región de Asia situada entre los ríos Éufrates y Tigris). El medio de comunicación oral evolucionó en el escrito, que es otra forma de uso del mismo sistema de lengua. La escritura es un recurso que surgió del progreso cultural que perfeccionó las posibilidades de comunicación y educación de los miembros de un grupo, y que ha servido para reforzar la cohesión y la estructuración social.
Durante los años ‘40 y ‘50 se produjo la introducción del cine y la radio, y en los ‘60 y ‘70, el auge, la decadencia y el nuevo auge de la televisión educativa. Durante más de treinta años la visión predominante entre los educadores en relación con los medios de comunicación ha sido, como quedó apuntado, casi siempre de desconfianza (Masterman, 1993). Tradicionalmente los medios de comunicación —incluyendo el cine—, fueron considerados por los intelectuales como influencias negativas que amenazaban la cultura. Su “poder de corrupción” alcanzaba ante todo a los niños, sobre quienes ejercían sus máximos efectos. La pedagogía no podía olvidar que el cine había nacido en las ferias, había crecido en los suburbios y se había desarrollado sin la ayuda de personas cultivadas. De aquí que no pocos educadores dedicaron sus esfuerzos a defenderse de la amenaza que representaban los medios de comunicación para la cultura. Las acciones que desarrolló la escuela en este contexto se inscribieron en una perspectiva hostil, y reflejaron casi siempre una actitud defensiva. De esta manera, la influencia de las tecnologías audiovisuales e informática no han sido altamente influyentes en las organizaciones educativas.
Los ‘80 constituyeron la década de los ordenadores (computadoras) personales en las escuelas. Desde los ´90 se ha estado experimentando con herramientas de la Internet, que recoge los anteriores medios de comunicación y las telecomunicaciones para aplicarlos en la educación. Actualmente, una de las repercusiones fundamentales de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación cuando se aplican al campo de la formación y el aprendizaje, radica en la posibilidad que ofrecen para romper las variables clásicas en las que se apoya el modelo de enseñanza tradicional, es decir, la coincidencia de las dimensiones espaciotemporales entre la persona que aprende y la que enseña. A través de esta nueva forma de enseñanza el alumno y el docente pueden administrar su tiempo, en una educación asincrónica.
Las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación suponen un verdadero reto para las organizaciones educativas, ya que esto introduce la medida de la capacidad que tiene la escuela para absorber las nuevas tecnologías. En este sentido, otro concepto de Nuevas Tecnologías son las NTAE (Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Educación). El uso de estas tecnologías, entendidas tanto como recursos para la enseñanza como medio para el aprendizaje como medios de comunicación y expresión y como objeto de aprendizaje y reflexión (Quintana, 2004).
Fuentes:
